Acompañando el regreso a clases desde la comprensión y la inclusión
El regreso a clases suele venir acompañado de expectativas, emoción y nuevos retos. Como familias, cuidadores y docentes, solemos prepararnos para un nuevo ciclo escolar organizando materiales, horarios y responsabilidades. Sin embargo, para muchas niñas, niños y adolescentes con discapacidad o condiciones del neurodesarrollo, este periodo implica mucho más que volver al aula después de las vacaciones.
Después de varias semanas de horarios más flexibles y actividades diferentes a las habituales, regresar a la rutina requiere reorganizar hábitos, adaptarse nuevamente a ciertas demandas y reencontrarse con entornos, personas y responsabilidades que pueden representar un reto importante.
Para muchas familias es común que, cuando se acerca el regreso a clases, comiencen a aparecer dificultades para dormir, cambios de humor, irritabilidad, falta de motivación o problemas para seguir instrucciones. Aunque estas situaciones pueden generar preocupación, cuando estas suceden en el marco del regreso a clases, con frecuencia forman parte del proceso de adaptación a una nueva rutina.
Cada persona vive los cambios a su propio ritmo. Algunas logran adaptarse rápidamente, mientras que otras necesitan más tiempo, apoyo y acompañamiento. Comprender esta realidad nos permite responder con mayor empatía y generar condiciones que hagan esta transición más sencilla y menos estresante.
Las rutinas cumplen una función mucho más importante de lo que solemos imaginar. No se limitan a establecer horarios; también ayudan a brindar seguridad y tranquilidad. Cuando sabemos qué va a suceder y qué se espera de nosotros, podemos sentirnos más seguros y dedicar nuestra energía al aprendizaje, la convivencia y las actividades cotidianas.
Para muchas personas con discapacidad o neurodivergencias, esta predictibilidad resulta especialmente importante. Conocer anticipadamente cómo será el día, quiénes participarán o qué actividades se realizarán ayuda a disminuir la incertidumbre y favorece una mejor adaptación a los cambios.
Por ello, durante las primeras semanas de clases, quizá el objetivo más importante no sea exigir resultados académicos inmediatos, sino reconstruir poco a poco aquellos hábitos que favorecen el bienestar y la participación.
Uno de los aspectos que más suele modificarse durante las vacaciones son los horarios de sueño. Aunque a veces lo pasamos por alto, el descanso influye directamente en la atención, el aprendizaje, la memoria y el estado de ánimo. Cuando el sueño es insuficiente o irregular, es más probable que aparezcan el cansancio, la irritabilidad, las dificultades para concentrarse y una menor tolerancia a la frustración.
Por esta razón, una de las mejores decisiones que podemos tomar como adultos es ayudar a recuperar gradualmente los horarios de descanso antes del inicio de clases. Realizar pequeños ajustes diarios suele ser más efectivo que intentar cambiar todos los horarios de un día para otro.
También podemos apoyarnos en herramientas sencillas que favorezcan la anticipación. Un calendario pegado en el refrigerador, una secuencia de imágenes sencillas con la rutina diaria o una lista de actividades pueden marcar una gran diferencia cuando una niña, niño o adolescente necesita saber qué ocurrirá durante el día. Esta información le permite prepararse con mayor seguridad y afrontar los cambios con confianza.
Otra estrategia útil consiste en dedicar unos minutos cada noche para conversar sobre las actividades del día siguiente. Hablar sobre lo que sucederá por la mañana, durante la tarde y al finalizar el día permite anticipar cambios, resolver dudas y reducir la incertidumbre que suele acompañar las transiciones.
Del mismo modo, es importante recordar que, después de varias semanas de vacaciones, es normal que algunas habilidades relacionadas con la organización y la autonomía necesiten tiempo para retomarse. Preparar materiales escolares, seguir horarios o recuperar hábitos de estudio son procesos que pueden reconstruirse gradualmente, sin necesidad de exigir cambios drásticos desde el primer día.
Como familias y docentes, tenemos una valiosa oportunidad de trabajar en equipo. Cuando compartimos información sobre las fortalezas, necesidades y estrategias que mejor funcionan para cada estudiante, podemos ofrecer apoyos más consistentes y responder de manera más efectiva a las dificultades que puedan surgir durante las primeras semanas del ciclo escolar.
Las niñas, niños y adolescentes están aprendiendo constantemente a comprender sus emociones, enfrentar cambios y desarrollar mayor autonomía. Por ello, necesitan que nosotros funcionemos como una guía mientras adquieren estas habilidades. Acompañar no significa evitar todos los desafíos, sino ofrecer el apoyo necesario para que cada persona pueda enfrentarlos de acuerdo con sus posibilidades.
Cuando dejamos de preguntarnos únicamente cómo corregir una conducta y comenzamos a preguntarnos qué necesidad puede estar expresando, encontramos nuevas formas de apoyar.
Al iniciar un nuevo ciclo escolar, conviene recordar que no todas las niñas, niños y adolescentes regresan desde el mismo punto de partida ni avanzan al mismo ritmo. Algunos necesitarán pocos apoyos; otros requerirán más tiempo, acompañamiento y comprensión. La meta no es que todos se adapten de la misma manera o con la misma rapidez, sino que cada uno encuentre en su familia, en su escuela y en su comunidad los apoyos necesarios para sentirse seguro, incluido y capaz de avanzar.
Cuando trabajamos juntos y comprendemos que cada proceso es único, el regreso a clases deja de ser una fuente de tensión para convertirse en una oportunidad para fortalecer la confianza, la autonomía y el bienestar de niñas, niños y adolescentes con discapacidad y condiciones del neurodesarrollo.
Referencias bibliográficas:
- Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). (2021). Estado mundial de la infancia 2021: En mi mente. Promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia. UNICEF.
- Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). (2020). Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2020. Inclusión y educación: Todos y todas, sin excepción. UNESCO.
- Organización Mundial de la Salud. (2022). Informe mundial sobre salud mental: Transformar la salud mental para todos. Organización Mundial de la Salud.
- Organización Panamericana de la Salud. (2021). La salud mental de niños, niñas y adolescentes. OPS.
